De los módulos Covid a la patrulla: ¿quién es Rolando, el técnico del IMSS amedrentado por policías en Pachuca?
Rolando Roque Aguilar, técnico del HGZ 36 con casi 15 años en el IMSS, dice que lo golpearon en una patrulla; la SSPH defendió el retiro de manifestantes.

Enrique Vega
Rolando Roque Aguilar lleva casi 15 años reparando equipos médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), durante la pandemia enfrentó jornadas de hasta 24 horas, la muerte de compañeros y una escasez de oxígeno que todavía recuerda con dolor.
Hoy denuncia que fue golpeado por policías durante una manifestación en la que exigía mejores condiciones para los hospitales.
Hubo un día en que Rolando Roque Aguilar tuvo que bañarse ocho veces para poder seguir trabajando, había entrado y salido tantas veces de los módulos Covid que la desinfección se volvió parte de una rutina agotadora, tenía que revisar ventiladores, atender alarmas, conectar equipos a pacientes y asegurarse de que las máquinas continuaran funcionando, aun cuando los recursos comenzaban a escasear.
En otra jornada permaneció hasta 24 horas dentro de un hospital, en el que también recuerda un turno en el que vio morir a 16 personas.
Pero entre todos los recuerdos que le dejó la pandemia, hay uno que todavía le resulta especialmente doloroso: la muerte de sus propios compañeros.
Casi seis años después de aquellos momentos, Rolando volvió a encontrarse frente a una situación que jamás imaginó vivir.
Esta vez no estaba dentro de un hospital tratando de mantener funcionando un ventilador, sino participando en una manifestación de trabajadores del IMSS en Pachuca.
El hombre que durante la emergencia sanitaria se expuso al contagio para cumplir con su trabajo terminó detenido durante la intervención policial contra los manifestantes.
Según su testimonio, fue golpeado dentro de una patrulla y privado de su libertad sin que le informaran formalmente de alguna infracción.
Hoy, más allá de las imágenes de aquella protesta, busca que se conozca otra historia: la de quienes estuvieron en la primera línea durante una emergencia sanitaria y que, asegura, siguen enfrentando carencias dentro de los hospitales.
Tres lustros entre hospitales y equipos médicos, Rolando Roque Aguilar es técnico B en el área de mantenimiento de equipo médico del Hospital General de Zona número 36 del IMSS, ubicado en Pachuca.
Su historia dentro de la institución comenzó hace casi 15 años, cuando se abrió una convocatoria para ingresar al Seguro Social y decidió presentar sus documentos.
Como muchos trabajadores, comenzó con contratos temporales, conocidos dentro del instituto como 08, y desempeñándose como técnico polivalente.
Desde entonces, su trayectoria lo llevó por diferentes unidades médicas de Hidalgo.
Recuerda haber trabajado en hospitales de Pachuca, Ciudad Sahagún, Tepeji del Río, Tula y Tulancingo, entre otros puntos de la entidad.
Con el tiempo concursó por nuevas categorías laborales, primero trabajó como plomero en distintas unidades y posteriormente encontró una especialidad que se convirtió en parte fundamental de su vida, como lo es el mantenimiento de equipo médico.
Fue técnico A en Ciudad Sahagún, después trabajó en Tulancingo y finalmente obtuvo la categoría B, que conserva hasta la actualidad.
Lo que podría parecer una labor distante de la atención directa a los pacientes resulta, en realidad, indispensable para el funcionamiento de un hospital.
Detrás de una intervención quirúrgica hay máquinas de anestesia que deben operar correctamente.
Detrás de una persona intubada hay equipos de ventilación que no pueden fallar, y detrás de estos aparatos se encuentra personal técnico encargado de revisarlos, instalarlos y mantenerlos en condiciones de uso.
Para Rolando, esa responsabilidad lo llevó a buscar capacitación constante, aprender de nuevos dispositivos y prepararse para responder a las necesidades de las unidades médicas.
A lo largo de su carrera encontró oportunidades de crecimiento profesional, pero también deficiencias que, afirma, terminarían por hacerse mucho más evidentes durante la emergencia sanitaria.
LA PANDEMIA: EL RECUERDO QUE NO SE BORRA
Cuando llegó el Covid-19, Rolando ya conocía los pasillos de distintos hospitales de Hidalgo, sabía cómo responder ante fallas mecánicas, equipos que necesitaban mantenimiento y jornadas de trabajo complicadas.
Sin embargo, nada lo había preparado para lo que estaba por vivir, “La pandemia para nosotros fue algo muy duro, muy duro”, recuerdó.
Durante aquella emergencia, su trabajo lo obligaba a ingresar a los módulos destinados a pacientes contagiados del virus para revisar ventiladores, instalar circuitos, verificar alarmas y conectar o desconectar aparatos.
No bastaba con reparar una máquina y retirarse, los equipos tenían que volver a estar disponibles lo antes posible.
Cuando un paciente dejaba de utilizar un ventilador, el aparato debía ser retirado, desinfectado por el personal correspondiente y preparado nuevamente para atender a otra persona.
Ese procedimiento se repetía durante jornadas en las que los contagios aumentaban, los hospitales recibían pacientes de manera constante y la presión sobre los trabajadores crecía.
Rolando cuenta que muchos equipos presentaban fallas y que la falta de presupuesto complicaba su reparación, poer, aun así, había que encontrar la manera de hacerlos funcionar.
La escasez también alcanzó uno de los recursos más importantes para atender a los enfermos: el oxígeno.
Según recuerda, hubo momentos en los que el suministro era insuficiente y el personal debía enfrentar la difícil tarea de administrarlo entre los pacientes que lo necesitaban.
Pero las carencias materiales no fueron lo único que marcó aquellos meses.
LO PEOR ESTABA POR OCURRIR
“En un turno vi morir a 16 personas”
Rolando conserva en la memoria la cifra de una jornada particularmente dolorosa.
No ofrece sus nombres ni las circunstancias particulares de cada fallecimiento, lo que recuerda es el impacto de presenciar tantas muertes mientras él y sus compañeros intentaban sostener la operación de los hospitales.
También recuerda a los trabajadores que llegaban exhaustos después de cubrir más de un turno, algunos con familiares enfermos en sus propias casas.
Había enfermeras, médicos y personal de distintas áreas que permanecían trabajando pese al cansancio acumulado.
En ocasiones, su jornada habitual de ocho horas debía prolongarse por la falta de personal.
Había turnos dobles y horas extraordinarias que lo mantenían dentro de las instalaciones durante buena parte del día.
Cada ingreso a los módulos Covid implicaba cumplir protocolos de desinfección antes de continuar con otras actividades.
“En un día me bañé ocho veces”.
El riesgo de contagio también lo alcanzó, pues, de acuerdo con su relato, contrajo Covid-19 en cuatro ocasiones, aunque no desarrolló síntomas.

Pese a ello, asegura que continuó desempeñando sus funciones, pero el episodio que más lo conmueve no tiene que ver con su propia salud, sino con las personas con las que compartió años de trabajo.
LOS COMPAÑEROS QUE NO REGRESARON
Durante la pandemia, Rolando tuvo que trasladarse a Tepeji del Río para cubrir el espacio de un compañero de su misma área que había fallecido.
Aquella experiencia terminó por confrontarlo con una realidad mucho más cercana que las cifras de contagios y defunciones.
Ya no se trataba únicamente de pacientes desconocidos, eran trabajadores con los que había coincidido en diferentes unidades, personas con quienes compartió guardias y experiencias profesionales.
Rolando lamentó que, entre las instituciones y hospitales donde laboraban personas de su entorno de trabajo, fallecieron 79 compañeros durante la emergencia sanitaria.
Es una cifra que proporciona desde su experiencia personal y que no cuenta, en esta entrevista, con un registro documental independiente.
Sin embargo, con tristeza recuerdó asistir a funerales y acompañar a las familias de quienes hasta unos días antes eran sus compañeros en el frente de batalla contra un enemigo invisible pero letal.
También vio a compañeros convertirse en pacientes y, en algunos casos, perder la vida dentro de las mismas instituciones donde habían trabajado.
Para él, esos acontecimientos dejaron una huella que ninguna capacitación profesional podía anticipar.
“Ves gente morir a diario a veces, pero cuando ves morir compañeros tuyos, cuando ves morir familia y que no puedes hacer más allá de ello”, dijo, antes de describir aquella etapa como una de las experiencias más traumáticas de su vida laboral.
No fue únicamente una crisis hospitalaria, para quienes estuvieron dentro, aseguró, también representó un desgaste emocional que todavía permanece.
DESPUÉS DEL COVID, UN SISTEMA DEVASTADO
Cuando la emergencia sanitaria comenzó a disminuir, Rolando esperaba encontrar un sistema de salud que pudiera recuperarse de los meses de mayor presión; Sin embargo, su percepción fue distinta.
“Devastado, amigo, devastado”, responde cuando se le pregunta cómo encontró al sector después de la pandemia.
Aseguró que las necesidades que existían antes del coronavirus no desaparecieron, sino que se hicieron más difíciles de atender.
La falta de personal, los problemas de presupuesto, el desgaste de los equipos y la insuficiencia de insumos continuaron formando parte de la operación cotidiana de los hospitales.
Desde su experiencia, los trabajadores tuvieron que aprender a aprovechar al máximo los recursos disponibles.
El problema, consideró, es que esa capacidad para resolver emergencias terminó convirtiéndose en una exigencia permanente.
Durante años, explicó, el personal ha buscado mantener los servicios aun cuando faltan materiales, medicamentos o manos suficientes para atender a la población.
DEL HOSPITAL A LAS CALLES DE PACHUCA
La protesta en la que participó Rolando no surgió de manera aislada.
Durante octubre, trabajadores del IMSS en distintas entidades del país comenzaron a movilizarse para exigir mejores condiciones salariales, la cobertura de plazas vacantes, abasto de medicamentos e insumos, así como cambios en las condiciones de jubilación.
En Pachuca, las inconformidades llegaron a las inmediaciones del Hospital General de Zona número 36, en el bulevar Felipe Ángeles.
Rolando decidió sumarse al movimiento convencido de que las exigencias van mucho más allá de un incremento salarial.
Para el trabajador de la salud de casi 15 años, la falta de personal ha provocado que algunos de sus compañeros enfrenten cargas excesivas, mientras los derechohabientes llegan a las clínicas sin la certeza de encontrar los medicamentos o la atención que necesitan.
Como ejemplo, detalló que una enfermera puede llegar a atender hasta 14 pacientes durante una jornada de ocho horas, una carga que, desde su perspectiva, dificulta ofrecer la atención necesaria.
También describió un problema que afecta la relación entre los trabajadores y los pacientes.
Cuando una persona acude a surtir una receta y recibe una respuesta de inexistencia de medicamentos, explica, la frustración suele dirigirse contra quien está detrás de la ventanilla.
Lo mismo ocurre cuando hay largas esperas o cuando los servicios se encuentran rebasados.
Para Rolando, los empleados terminan siendo el rostro visible de un problema que, asegura, no depende exclusivamente de ellos.
Esa es una de las razones por las que decidió protestar.
EL DÍA QUE TERMINÓ DENTRO DE UNA PATRULLA
El movimiento en Pachuca desembocó en una intervención policial para retirar a trabajadores del IMSS que se manifestaban en el bulevar Felipe Ángeles.
La actuación de las autoridades generó señalamientos por presunto uso excesivo de la fuerza, mientras funcionarios estatales rechazaron que hubiera existido represión y defendieron la necesidad de liberar la vialidad.

ROLANDO CONTÓ UNA VERSIÓN COMPLETAMENTE DISTINTA
Recordó que los manifestantes habían recibido indicaciones de mantener libre el carril destinado al Tuzobús y asegura que buscaron cumplir con esa condición.
Según su relato, una funcionaria de la Secretaría de Gobierno les advirtió que existía una orden para intervenir si se afectaba la circulación del sistema de transporte.
“Solo dame un motivo para cumplir esa orden”, recordó que le dijo la funcionaria ya mencionada.
El trabajador consideró que aquellas palabras constituyeron una amenaza previa a la intervención.
También denunció la presencia de binomios caninos y cuestionó que se utilizara ese despliegue frente a personal de salud que, afirma, se manifestaba pacíficamente.
Lo que sucedió después cambió por completo el sentido de aquella jornada para él.
Rolando aseguró que fue detenido y subido a una patrulla, donde recibió golpes.
“A mí me privaron ilegalmente de mi libertad, nunca se me fincó ninguna multa, nada, me llevaron a pasear, me golpearon en la patrulla”, denunció.
Más allá de su caso, también señaló presuntas agresiones contra personas ajenas a la manifestación, entre ellas un hombre que grababa lo sucedido con su teléfono y una mujer que se encontraba acompañada de su hija adolescente.
La actuación policial continúa siendo uno de los principales motivos de inconformidad para Rolando.
Cuestionó especialmente las declaraciones de autoridades estatales que han negado que durante el operativo existiera represión.
Incluso, señaló al secretario de Seguridad Pública de Hidalgo, Salvador Cruz Neri, y al mando policial Julio César Meléndez Coria entre los funcionarios cuya actuación considera necesario esclarecer.
ROLANDO PIDE CONOCER QUIÉN ORDENÓ LA INTERVENCIÓN
“Sabemos quién la ejecutó, pero ¿quién la dio?”, cuestionó.
Durante una comparecencia ante el Congreso de Hidalgo, Cruz Neri defendió la actuación policial y argumentó que el cierre de la vialidad afectaba la circulación y a usuarios del Tuzobús.
Al mismo tiempo, confirmó una investigación de Asuntos Internos por la actuación de Meléndez Coria.
Rolando no comparte esa explicación ni su preocupación tampoco terminó cuando concluyó la manifestación.
Lo anterior, debido a que, afirmó, posteriormente comenzó a recibir llamadas con amenazas para que dejara de participar en el movimiento.
“Tenemos miedo, hemos recibido amenazas”, expresó.
Pese a ello, aseguró que continuará respaldando las movilizaciones y que sus compañeros también buscan conocer quién tomó la decisión de intervenir contra ellos.
UNA INCONFORMIDAD QUE LLEGÓ A OTRAS ENTIDADES
Después de lo ocurrido en Pachuca, Rolando viajó a Ciudad de México para acompañar a trabajadores que mantienen protestas en las inmediaciones de instalaciones del IMSS.
Ahí tuvo oportunidad de conversar con compañeros procedentes de Oaxaca y Morelos, entre otros estados.
Según cuenta, algunos se sorprendieron por la manera en que se desarrolló la intervención policial en Hidalgo.
El intercambio le hizo sentir que las demandas que comenzaron a expresarse en distintas unidades médicas ya no eran únicamente problemas locales.
Para Rolando, las dificultades relacionadas con salarios, insumos, personal y representación sindical forman parte de una inconformidad más amplia.
También mantiene una postura crítica hacia la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social, particularmente hacia Rafael Olivos Hernández, secretario general nacional, cuya separación del cargo figura entre las exigencias de los manifestantes.
Consideró que la representación sindical ha dejado de escuchar las necesidades de una parte de la base trabajadora.
Y aunque reconoció que un paro de actividades podría considerarse como último recurso si no existen respuestas, insistió en que el movimiento busca evitar afectaciones a los pacientes.
LA PROMESA DE SEGUIR ATENDIENDO
A pesar de las jornadas de protesta, Rolando aseguró que él y sus compañeros mantienen un compromiso que consideran irrenunciable: seguir atendiendo a quienes necesitan los servicios del IMSS.
Afirmó que, al menos desde el movimiento en el que participa, no se pretende abandonar a los pacientes ni suspender indiscriminadamente las labores de los hospitales.
Por eso pide a la población no mirar las manifestaciones únicamente como bloqueos de tránsito o inconvenientes para trasladarse por la ciudad.
De igual manera, reconoció que las movilizaciones pueden generar molestias, pero insistió en que buscan visibilizar un problema que también afecta a quienes acuden a consulta, requieren una operación o necesitan medicamentos.
LA LUCHA DE QUIEN APRENDIÓ A NO RENDIRSE
Rolando no olvida los turnos interminables, los ventiladores que debían volver a funcionar ni las ocasiones en que el oxígeno resultaba insuficiente.
Tampoco ha logrado desprenderse de las imágenes de sus compañeros fallecidos, de las familias que conoció durante la pandemia o de las personas que vio perder la vida dentro de un hospital.
Son recuerdos que permanecen incluso cuando termina su jornada laboral.
Ahora se suman otros: una manifestación, la presencia de policías, el interior de una patrulla y las amenazas que afirma haber recibido después de levantar la voz.
Hay una diferencia importante entre aquellos días y el presente.
Durante la pandemia, Rolando y sus compañeros concentraron sus esfuerzos en mantener funcionando los hospitales frente a una emergencia que parecía no terminar.
Hoy, sostiene, su lucha es para que las carencias que vivieron entonces no sigan siendo parte de la normalidad.
El técnico que pasó hasta 24 horas trabajando en un hospital y vio morir a 16 personas durante un solo turno sigue convencido de que su trabajo tiene sentido mientras pueda ayudar a mantener con vida a quienes dependen de una máquina.
Por eso, pese a la detención que denuncia y al temor que reconoce sentir, asegura que seguirá participando en el movimiento.
Porque después de haber visto morir a tantos pacientes y compañeros, considera que guardar silencio frente a las carencias hospitalarias tampoco es una opción.
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