Entre luces, música y pirotecnia, Zempoala celebra la Independencia
La Plaza Principal se convirtió en punto de encuentro: familias, música, comida, baile y fuegos artificiales acompañaron una noche en la que Zempoala salió a celebrar a México.

Redacción
Las banderas comenzaron a aparecer desde temprano. Algunas ondeaban entre la multitud; otras, pequeñas, estaban en manos de niños que recorrían la plaza mientras sus familias buscaban un lugar desde donde disfrutar la fiesta.
Conforme avanzó la noche, el centro de Zempoala, Hidalgo se fue llenando. El olor de la comida típica se mezcló con la música y el ruido de los juegos mecánicos, mientras en los alrededores aumentaba el movimiento de quienes llegaron para pasar juntos la noche del 15 de septiembre.
Cuando llegó el momento del tradicional Grito de Independencia, miles de voces se unieron en una misma celebración. Desde el balcón, el presidente municipal, Francisco Sinuhé Ramírez Oviedo, encabezó la ceremonia, mientras en la plaza las familias respondían con vivas y banderas ondeando entre la multitud.

Y llegó el momento esperado.
Frente a una plaza abarrotada, se escucharon los tradicionales vivas a los héroes de la Independencia. Miles de voces respondieron al unísono y, durante unos minutos, la plaza pareció convertirse en una sola voz.
Después vino el espectáculo que hizo mirar al cielo.
La pirotecnia iluminó la noche al ritmo de la música. Destellos de colores aparecieron sobre los edificios mientras decenas de celulares se levantaban para intentar guardar en video una escena que duró apenas unos minutos, pero que concentró las miradas de toda la plaza.

La celebración tomó entonces otro ritmo.
Los Alameños de la Sierra y Roberto Junior y su Bandeño llevaron la fiesta al escenario. Las primeras canciones hicieron cantar a la multitud y poco después comenzaron los pasos de baile. Parejas, grupos de amigos y familias ocuparon cualquier espacio disponible para moverse al ritmo de la música.
Para los más pequeños, la noche tenía otros protagonistas: los juegos mecánicos, las luces y el bullicio de una plaza convertida en feria.

Y todavía faltaba uno de los momentos más esperados: la quema del castillo.
Entre luces, pólvora, música y comida, Zempoala cerró una noche de celebración en la que las tradiciones volvieron a ocupar el centro de la vida cotidiana. Más que una ceremonia, fue una noche para salir de casa, encontrarse con los vecinos, compartir con la familia y celebrar, a su manera, una fecha que cada septiembre vuelve a reunir a los mexicanos.
En Zempoala, la Independencia se gritó, se cantó y también se bailó.
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