Leodegario Hernández, fuera de ruta
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Florentino Peralta
(10-19-2026)
La detección en Acapulco, Guerrero del vehículo asignado al presidente del Tribunal Electoral del Estado de Hidalgo (TEEH), Leodegario Hernández, podría explicar su rechazo al contralor interno que le había asignado el Congreso local.
Tras impugnar el nombramiento de Jonathan Pérez Ledezma como titular del Órgano Interno de Control del TEEH, la constante contra el magistrado presidente es la presunta opacidad para conducirse y que preferiría un contralor a modo.
En algo que pareciera una nimiedad, pero que resulta un indicativo y podría, incluso, constituir una falta administrativa si existiera la autoridad correspondiente al interior del TEEH, el vehículo asignado a Hernández “sale de vacaciones”.
El pasado 21 de agosto, la unidad vehicular de la institución electoral, con placas de circulación HGW620E, pertenecientes al estado de Hidalgo, fue vista en el puerto de Acapulco, Guerrero estacionada en el parque Papagayo.
Luego, el miércoles 2 de septiembre de este 2026, el automóvil Volkswagen Virtus fue visto nuevamente en Acapulco, ahora en el hotel Princess Mundo Imperial, donde permaneció hasta el día 5 del mismo mes, cuando dejó el lugar.
En ambos casos, que la unidad estuviera fuera de Hidalgo amerita verificación administrativa, debido a que por lo menos durante su estancia en el resort de 5 estrellas con forma piramidal, se afirma que fue una actividad particular.
Y bueno, estos hechos configuran una falta administrativa que violenta los principios de legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia en el servicio público, además de la cantaleta de no robar, no mentir y no traicionar.
Lo anterior, porque el magistrado electoral, anteriormente perredista, tiene filia morenista, incluso se jacta a la primera de ser, según él, quien le abrió la puerta de ese partido e impulsar al hoy gobernador de Hidalgo, Julio Menchaca.
EL DESCALIFICADOR
Leodegario Hernández Cortez se caracteriza por la fácil descalificación contra quienes en algún momento compartieron un objetivo común, como Alejandro Olvera Mota y Alejandro Rosas García. Presume haber encarado a Gerardo Sosa Castelán, reprueba a todos los gobernadores de los últimos 27 años y ahora se siente perseguido por la administración de Julio Menchaca. En cualquier pasaje, con su propio relato se desautoriza, más, cuando esparce la idea entre sus cercanos que es vigilado por el aparato de gobierno. Más bien, ahora se acrecienta la idea que algo esconde y quizá no quiere que se sepa.
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