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Parte 2: Una paz propia. Una historia para disfrutar

hace 53 minutos
3 min de lectura

Mente Lunera



Andrea González


(09-30-2026)


7 años de aprender teología hasta soñar con el propio olor de la madera con sangre impregnada en la cruz, estudié tanto para destacar y poder tener un hogar, un lugar seguro donde descansar.


Los mejores, se iban a la iglesia del pueblo para aprender del padre, ayudarlo en lo que necesitara y estar presente a su lado en cada misa dominical…


Digo… No eran peleados los puestos, solo era yo y mi amigo Calixto, pero él fue “transferido” a Tampico, digo “transferido” ya que ocultan el hecho de que se escapó un día con su amiga de la infancia; Regina a Cuernavaca. De cierto modo supe que mi amigo no iba a durar tanto, recuerdo una plática que tuvimos 3 noches antes de su huida, cada uno estaba en sus camas individuales de nuestro cuarto compartido. 


-Chava, te voy a poner a elegir entre dos cosas, va


Baje el libro, para voltear a verlo, estaba acostado como una colegiala de película, con los antebrazos apoyados en el colchón, me voltee a verlo. 


-Pero, ¿va a ser de esas situaciones extremas que siempre me haces elegir y nunca estás contento con lo que escojo? 


-No, hombre, esta vez es en serio, por eso te lo pregunto, eres muy racional, así que piénsalo bien, eh, si quieres no respondas luego luego, permite que cuaje lo que te voy a decir.


-Está bien. 


-Prometelo.


-Sí, Calixto, te prometo que lo voy a pensar bien. 


Hubo un silencio, como si el otro se estuviera replanteando si decirmelo era lo correcto, pero entre la lucha que parecía estar ocurriendo en su cabeza, fue más rápida su boca, harta de tanta indecisión. 


 -Ya dijiste. Si tuvieras que escoger entre el deber o el amor, ¿qué escogerías?


Ni en millones de años pensé que podría escuchar eso salir de su boca, lo estimaba, de verdad, pero era un chico bastante torpe. Así que supe que era serio, que era personal…


El deber o el amor… Lo primero que se me vino a la cabeza fue: el deber de amar a Dios, pero el amor no es algo que se debe es algo que se fomenta y se da, así que lo descarté, pensé en el amor y lo que este me ha traído, me trajo al mundo por lo que sé es que mis padres estaban bastante enamorados cuando me tuvieron, pero no estuvieron bastante enamorados del engendro de su propio amor, el amor que me enseñó mi tía es… más un concepto físico, desenfrenado y sin pudor, me asfixia si quiera la idea de pensar en llegar amar así. Diablos me estoy tardando mucho en contestar y me inquieta su respiración, sé que no quiere escuchar el “Amar a Dios” se que va más allá, se que quiere algo más de mí. El deber, sí el deber es más fácil, es una línea recta que sabes seguir, es la nota de papel debajo de la almohada que estará siempre al despertar, es más natural. 


-El deber. 


-¿El deber a qué?


Vaya estaba obstinado a tener una PLÁTICA conmigo, estaba perforando más de lo que le tenía permitido. 


-El deber de seguir una ética que me mantenga en paz conmigo mismo y en armonía con los demás.


-Que ñoño. No sé por qué pregunté eso a alguien como tú. 


Dame un poco de crédito, lo intenté.


-¿Tú? ¿El deber o el amor?


Se estiró de la cama, resopló y sin tomarse más de un segundo.


-El amor


-Bueno, cad-


-El amor a Regina, Regina es más grande que el deber, es más grande para convertirse en solo un recuerdo… 


-¿Tu amiga de la infancia?


-Sí, ella. Se va este sábado a Cuernavaca, hasta ella sabe que es más grande que este pueblo. 


-Y ¿qué te impide irte con ella? Hace nada dijiste que es más grande que cualquier deber o eres de esos que solo dice cosas al aire porque quedan con el momento. 


Se ofendió.


-Que dices, si me costó aprender a hablar, así que cada palabra que digo la digo de verdad. Pero también le tengo cariño a Dios, a su trabajo.


Solo hice un pequeño sonido con la nariz en manera de asentimiento, me paré de la cama para apagar la luz de la habitación. Mientras me volvía a acomodar en la cama, le dije.


-El cariño y el amor no es lo mismo, con el tiempo se va a convertir en resentimiento contra ti, contra Dios, incluso contra Regina. 


No contestó nada, cuando estaba apunto de caer dormido.


-¿Me extrañarías? ¿Me extrañarías si un día me voy?


No, porque sé que todo es temporal.


-Sí. Ya duérmete. 


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