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¡Chale jefa!

  • 30 abr
  • 2 Min. de lectura

Osteoporosis



José Raquel Badillo Medécigo

(seudohumorista)


30-04-2026


“La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa.” — Karl Marx

A finales de la década de los sesenta y principios de los setenta circuló una revista de humor llamada La Garrapata, cuyo lema era: “El azote de los bueyes”. Se trataba de una publicación colectiva que reunía a varios de los caricaturistas más agudos de la época como Magú, Helio Flores, Rius y otros menos conocidos que aún no destacaban, pero ya hacían sus pininos.


Entre tantas viñetas y textos satíricos, recuerdo vagamente una historia —lamento no recordar a su autor— que retrataba con crudeza y humor la precariedad cotidiana. La escena era simple: una familia numerosa, sentada alrededor de la mesa, a punto de comer. Desde la cocina, la madre servía los platos cuando el hijo mayor, fastidiado, le gritaba:


—¡Chale, jefa! ¿Otra vez habas?


Los años pasan. Aquel niño crece, forma su propia familia y, sin romper sus ciclos, también tiene muchos hijos. 


Otra vez la escena se repite: la mesa, los platos, la comida. Pero ahora es su esposa quien sirve, y esta vez son los hijos, quienes reclaman en coro:

—¡Chale, jefa! ¿Otra vez habas?


Ahí termina la historia. El padre observando incrédulo cómo sus hijos están, otra vez, condenados a la misma vida precaria que padeció. 


(Aprovecho, de paso, para denunciar que las habas se han vuelto un producto elitizado. Hoy, una familia humilde y numerosa no puede darse el lujo de degustar un platillo de habas, y menos aún repetirlo a diario. Si esta cruda escena retrataba la realidad, significa que los pobres de la década de los setenta comían mejor que los pobres actuales.)


De esa anécdota se desprende una analogía política bastante actual.


Digamos que Estados Unidos lleva tiempo solicitando a México la entrega de delincuentes de alto perfil, los llamados “peces gordos”. Sin embargo, tras varias entregas grupales, es probable que, al recibirlos  en Washington, suelan exclamar, con la misma resignación del cuento:


—¡Chale, jefa! ¿Otra vez charales?


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