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El poder de las palabras

  • hace 12 horas
  • 3 min de lectura

Osteoporosis

José Raquel Badillo Medécigo

(Seudohumorista)


06-11-2026

 

“Mostrar las cartas antes de tiempo es perder media partida.”— Napoleón Bonaparte

 

Recuerdo vagamente mi infancia cuando los santos reyes no me trajeron nada; eso lo supe porque mis amiguitos presumían algunos juguetes nuevos.


Cabizbajo, le comenté a mi padre y en un tono solemne me cuestionó si yo había escrito una carta, le dije que no, porque aún no sabía escribir. El me ayudó a redactarla y al día siguiente obtuve un juguete, que en nada concordaba con lo solicitado, pero aun así me dio alegría y mi regocijo fue mayor con la explicación que me dieron. “Los santos reyes ya habían concluido su misión y aun así volvieron sólo para dejarte este regalo”.


Desde ese entonces, comprendí la importancia de saber comunicarse y también el valor de las palabras.


Esa carta marcó mi infancia y a lo largo de la vida he comprendido que hay cartas que pretenden incidir en la vida de las personas; así por ejemplo, el gran novelista Víctor Hugo, vanamente cifró sus esperanzas en que enviándole una carta a Júarez, éste accedería a la clemencia intercedida para Maximiliano de Habsburgo.


La carta fue atemporal, pues un día antes ya había sido fusilado; sin embargo, hubo otras personalidades, que en forma y tiempo clamaron el perdón para el emperador, empero Juárez permaneció indolente. Se cree que, aunque hubiera llegado antes la carta de Víctor Hugo, Juárez tampoco hubiera accedido a sus súplicas.


En el siglo pasado el periódico Novedades, con gran éxito lanzó un concurso titulado “Carta a mi Hijo” con el fin de promover los valores de la familia. ¡Qué misivas tan enternecedoras!


Y uno no puede pasar por alto la poesía "Si..." del gran escritor inglés Rudyard Kipling, esta poesía es más conocida como una “carta a un hijo” y aborda la importancia de mantener la integridad y la calma ante las adversidades. Su poema evoca el valor de la perseverancia, la confianza en uno mismo y el control emocional para alcanzar la madurez personal y el éxito en la vida.


Pero en el contexto de las muchas cartas que en mi vida han hecho historia, no puedo omitir la más reciente, donde López Obrador escribe la misiva intitulada "Por el bien de todos, que regrese el otro Trump".


Que absurdo es López Obrador, al pedir precisamente que “regrese el otro Trump”.


Que conste que esa carta es el sentir de un solo mexicano —AMLO—


¿Con que valor o autoridad moral puede pedir que regrese a gobernar como lo era cuando coincidieron como mandatarios?


Creo que la ley del karma existe —ley divina— porque a diferencia de hoy que solamente una sola persona suscribe esa carta, en el sexenio pasado, fueron muchas… miles de mexicanos a través de misivas informales se dirigían a López Obrador, ¡que por favor regresara el otro López Obrador! El López Obrador que estaba en campaña; el que prometía soluciones a cada problemática, el que juraba acabar con la delincuencia, con la corrupción y hasta mantener el precio bajo de las gasolinas, entre otras muchas expectativas que nunca se cumplieron.


¡Esa petición de muchos mexicanos le llegaba un día sí y al día siguiente también! ¡Y López Obrador no quiso regresar a ser el López Obrador que fue en campaña! ¡Y eso si… prefirió rodearse de personas que lo mal aconsejaron! ¡AMLO pudo ser lo que prometió en campaña, ser el presidente que anhelaba la mayoría de los mexicanos y no lo hizo!


Esta vez su carta llega demasiado tarde, porque Heráclito afirmaba que “nadie puede bañarse en el mismo río dos veces…”


El presidente Trump al no responderle ya le respondió o como diría Ali Ibn Abi Talib “el silencio puede ser a veces la respuesta más elocuente.” 


Lo cierto que a partir de ahora los mexicanos para jugar tienen otras cartas, ¡Coahuila en la reciente elección jugó con cartas marcadas, quizás como en la canción de Chucho Monge:


 Si vamos a gozar, Yo soy primero, / Al son que yo les toque han de bailar. / de hoy en adelante yo soy malo, / Solo cartas marcadas has de ver, / Y tu vas a saber que siempre gano, / No vuelvas, que hasta ti te haré perder. / ¡Las casualidades existen y se dice que Chucho Monge se la dedicó a una MORENA que lo hubo TRAICIONADO… desde luego esta canción le gustó a todo mundo menos a la Morena!


¿Esta anécdota puede ser considerada una coincidencia más? ¡o de plano un déjà vu!


Casi se me estaba olvidando, de no ser por el arranque del mundial la hubiese omitido. Hay una carta que disfruté con gran alegría… ¡Exacto! “La Carta Blanca” bien fría…


—Ofrezco disculpa por haberme extendido en este artículo, pero parafraseando al colega matemático Blas Pascal— “Este artículo es más largo de lo habitual porque no he tenido tiempo de hacerlo más corto."

 

 

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