La humildad también es una virtud jurídica
- hace 3 días
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Entre la norma y la justicia

Alfonso Verduzco
(02-06-2026)
En días recientes leí el artículo “El Arte del Derecho” del ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Luis González Alcántara Carrancá, y su lectura me llevó a una serie de reflexiones sobre la manera en que entendemos, enseñamos y practicamos el Derecho en nuestra actualidad.
Durante décadas, la formación jurídica nos acostumbró a concebir al Derecho como una ciencia exacta: rígida, sistemática y sustentada en grandes construcciones teóricas que parecían capaces de explicar cualquier fenómeno social o humano. Quizás ninguna disciplina defiende con tanta intensidad sus conceptos y doctrinas como la jurídica. Los abogados solemos hablar de teorías, principios y criterios como si fueran verdades absolutas e inamovibles.
Sin embargo, el texto del ex ministro retoma una idea profundamente humana de Francesco Carnelutti: el Derecho no puede reducirse únicamente a racionalidad y técnica. También necesita sensibilidad, intuición y comprensión de la realidad humana que existe detrás de cada conflicto.
Esa reflexión resulta especialmente relevante en tiempos donde muchas personas comienzan a perder confianza en las instituciones, en los tribunales y en la capacidad del propio Derecho para resolver los problemas reales de la sociedad. La polarización política, el descrédito institucional, la improvisación pública y la creciente distancia entre las normas y la realidad cotidiana han provocado que el lenguaje jurídico parezca, para muchos, un conjunto de palabras complejas alejadas de la vida diaria.
Quizás ahí radica una de las reflexiones más importantes del texto: el Derecho no debería aspirar únicamente a ser correcto desde lo técnico, sino también comprensible y humano.
Los expedientes no contienen solamente artículos, jurisprudencias o argumentos procesales. Detrás de cada asunto existen personas, emociones, miedos, injusticias, frustraciones y expectativas. A veces, en la búsqueda de perfección técnica, olvidamos que el Derecho nació precisamente para ordenar la convivencia humana y no únicamente para construir sistemas teóricos impecables.
Carnelutti llegó incluso a reconocer que, con el paso de los años, dejó de creer que la ciencia jurídica podía explicarlo todo. Decía que el joven cree saber; mientras que el viejo entiende que no sabe tanto como pensaba.
Quizás esa sea una de las formas más honestas de madurez jurídica: comprender que ninguna teoría alcanza por sí sola para explicar completamente la complejidad humana.
Por eso vale la pena replantearnos algo esencial: el Derecho no solo necesita jueces, abogados y funcionarios técnicamente preparados; también requiere personas capaces de escuchar, comprender contextos y conservar sensibilidad frente a los problemas sociales.
Al final, quizá una de las mayores enseñanzas sea reconocer que el Derecho no se debilita cuando acepta sus límites; al contrario, se vuelve más honesto. La técnica jurídica es indispensable, pero no suficiente. También necesitamos humildad para escuchar, sensibilidad para comprender y prudencia para decidir.
Porque quien cree que el Derecho lo explica todo, corre el riesgo de olvidar a las personas. Y quien entiende que no lo sabe todo, quizá está más cerca de hacer justicia.
@AlfonsoVerduzco
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