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Moda, no es solo ropa.

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Mente Lunera



Andrea González 


(04 - 03 - 26)


Hay quienes creen que la ropa solo cubre el cuerpo. Yo sospecho que también protege algo más frágil: aquello que no sabemos catalogar. Vestirse para nada  es un acto superficial, de vanidad o necesidad (que lo es), sino una forma silenciosa de poner un pie fuerte en tu lugar en el mundo. Cada prenda es una decisión íntima, una pequeña arquitectura contra la mirada ajena.


La moda funciona como un escudo porque permite elegir qué versión de nosotros mismos enfrentarán los demás. No siempre tenemos control sobre lo que sentimos, pero sí sobre los colores que llevamos, las telas que rozan la piel o la silueta que dibujamos al caminar. Hay días en que un abrigo ancho se convierte en refugio; otros, un conjunto cuidadosamente elegido actúa como armadura brillante contra la inseguridad. La tela no cambia la realidad, la modifica.


Desde tiempos antiguos, los seres humanos han vestido símbolos de protección. Las armaduras medievales no solo salvaban vidas; también proyectaban poder. Hoy, sin espadas, seguimos buscando esa misma sensación de protección. Un traje formal puede otorgar autoridad incluso antes de pronunciar una palabra. Un par de botas firmes puede hacernos sentir invencibles en medio de un día incierto. La moda traduce emociones en materia.


La ropa se convierte en lenguaje, una conversación muda entre identidad y percepción.


También existe un lado vulnerable en este escudo: cuando olvidamos que lo llevamos puesto. La moda puede transformarse en prisión si dejamos que dicte quién debemos ser. El verdadero poder del escudo radica en saber que podemos quitárnoslo. La autenticidad no está en seguir tendencias, sino en reconocer cuándo una prenda nos representa y cuándo solo nos esconde.



Tal vez por eso la moda nunca desaparece, aunque cambien las épocas. Porque no responde únicamente al deseo de belleza, sino a una necesidad profundamente humana: sentirnos seguros mientras atravesamos un mundo impredecible. 


Al final, el verdadero escudo no es la tela, sino la intención. La moda solo revela lo que siempre hemos buscado: una forma de habitar nuestra propia piel sin miedo.


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