El curandero
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Osteoporosis

José Raquel Badillo Medécigo
(Seudohumorista)
04-06-2026
“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”— Abraham Lincoln
Había una mujer gravemente enferma de cáncer. Sus familiares hicieron enormes sacrificios para llevarla con médicos especialistas. Las consultas eran costosas y el tratamiento aun más… en cuanto a la mejoría apenas era perceptible; sin embargo, la enfermedad tampoco avanzaba. Digamos, el tratamiento no hacía milagros, pero mantenía el mal bajo control.
Con el paso del tiempo, el gasto comenzó a rebasar las posibilidades de la familia.
Entonces apareció en el pueblo un personaje singular. Sin ser médico, aseguraba tener la cura para cualquier enfermedad. Al enterarse del caso, acudió personalmente a visitar a la familia de la paciente.
Explicó que no cobraba honorarios porque su misión era ayudar a los necesitados. Lo único costoso, dijo, eran los medicamentos: productos exclusivos traídos de un laboratorio alemán, transportados bajo protocolos de cambios de temperatura. Dijo que él tenía la cura de ese padecimiento, pero les pidió una sola cosa: ¡confianza absoluta!
Desesperados por encontrar una solución definitiva, los familiares aceptaron. Se endeudaron, vendieron bienes y reunieron cuanto pudieron para costear el nuevo tratamiento.
La primera instrucción del curandero fue contundente: ¡tirar todos los medicamentos recetados por los especialistas!
A los pocos días la mujer comenzó a empeorar. Él les aseguró que era normal, que el organismo se estaba desintoxicando por tanto tiempo de tomar medicamentos de patente.
Pasaron los meses y el deterioro fue evidente. Cuando la familia pidió estudios clínicos para conocer el verdadero estado de salud, el curandero los desanimó. Les argumentó que los exámenes eran engañosos, pues podían variar por la alimentación, el sueño o el estrés.
Poco después anunció que debía mudarse de ese pueblo. Como muestra de afecto, les dejó varias botellas más de su misterioso remedio para que no tuvieran preocupación alguna.
Fueron los vecinos quienes, alarmados por el estado de la enferma y la ruina económica de la familia, la llevaron a realizarse estudios. Los resultados fueron devastadores: ¡el cáncer había avanzado!
Lejos de la paciente, los familiares se lamentaban.
—Nos engañó. Nosotros nunca lo buscamos; él vino a ofrecernos la solución.
Otro añadió:
—No solo no la curó. Ahora está más grave y nosotros hemos quedado en la pobreza. Jugó con la salud de nuestra enferma y con nuestra necesidad.
¡¡Me gustaría decir que esta historia es ficticia, !!
Lamentablemente ocurrió…
¡La mujer enferma se llama México!
Los familiares ¡son el pueblo!
Los médicos especialistas son ¡los gobiernos de derecha!
Los vecinos como siempre son: ¡Unos metiches!
Y el curandero es... ¡ya saben quién!
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El curandero es el ambidiestro el de las flores
Traducción:
Juventus
La alegoría duele porque calza.