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Palabras Chimultrufias

18 jun
3 min de lectura

Osteoporosis



José Raquel Badillo Medécigo

(Seudohumorista)


06-18-2026


"El corazón tiene razones que la razón no entiende." – Blas Pascal

Hay palabras que tiene dos o más acepciones y curiosamente se escriben igual, se pronuncian igual, pero ante la RAE significan lo contrario.


Por ejemplo, la palabra “peliculón” es un sustantivo; es el aumentativo de la palabra película y tiene dos significados completamente opuestos según el contexto en el que se utilicé. Sirve para referir a una película excelente o también si la película es larga y aburrida.


Pero no es la única palabra de nuestro idioma. Huésped es la persona que se aloja en una casa ajena, o también el dueño de la casa que aloja a los visitantes.


Y que decir de la palabra “Sancionar” significa autorizar o dar validez oficial a una ley, o por el contrario, aplicar un castigo o pena por infringirla.


Y la palabra “Nimio” para referir algo insignificante o de muy poco valor, o todo lo contrario excesivo o exagerado.


No estoy muy seguro, pero sospecho que a estas palabras se le llaman “Palabras Chimoltrufias” porque, así como dicen una cosa dicen otra… 


Lo complejo no es que sólo algunas palabras tengan sus acepciones y se contrapongan; sino lo que ocurre con algunas situaciones.


Imaginemos que viajamos en el transporte público y encontramos un asiento disponible junto a una chica sumamente atractiva. Para nuestra sorpresa, ella nos inicia la conversación y no para de hablar hasta llegar a su destino. Nos parecerá una criatura angelical; lamentaremos la brevedad del trayecto y pensaremos en lo hermosa e interesante que es. Ahora, consideremos el escenario opuesto: vamos en el mismo transporte, pero la compañera de asiento nos resulta antipática. Ella, sin percibir nuestro rechazo, nos hace plática de la misma manera. Le respondemos con monosílabos y, cuando finalmente se baja, suspiramos aliviados pensando: "¡Qué mujer tan parlanchina y empalagosa, ya me había hartado!".


Con las leyes ni se diga… Hace unas semanas en una red social, un alcalde sale sonriendo, teniendo en sus brazos a un bebé. Este funcionario publica la foto, con la finalidad de conectar con la sociedad. Su ego radicará en que los internautas le den un like y ver cuanto alcance o vistas tuvo su publicación.


Hay una ley sobre protección a menores que considera una violación a la intimidad cualquier manejo directo de su imagen, nombre o datos personales en medios de comunicación o plataformas digitales que permitan su identificación. 


Por lo tanto, sugiere poner el rostro difuminado. ¡pero tranquilos no pasa nada! Y todo puede caer en la ambigüedad. Porque pasa exactamente como con el gato ¡Este animal es el único que es dos veces animal! —¡Porque es “gato” y “araña”!—


Así también sucede. Si se es alcalde y padre de familia (dos ostentaciones indisolubles…)


Las leyes en teoría están enfocadas a la protección infantil; las autoridades de cualquier nivel no pueden tomarse fotografías sin proteger la identidad.


¡Toda una paradoja! Porque la dualidad de títulos (padre de familia/autoridad) es inherente pues habría que existir un horario establecido de lunes a viernes de 8:30 a 4:30 se es alcalde, fuera de este horario, se es un ciudadano común.


Pero volviendo a los ejemplos de las chicas platicadoras, podríamos deducir que si alguna tercera persona hubiese subido esa fotografía en la misma red; ese atrevimiento, aunque no contenga comentarios podría considerase un atentado a la privacidad infantil.


Así los jueces actúan ¡como las mujeres! Si alguien les dice un piropo, si quien lo pronuncia es de su agrado ¡Es un cumplido! El mismo piropo en labios de un tipo que para ellas no es atractivo, lo consideran ¡hostigamiento!


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