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Parte 3: Presente

hace 7 horas
5 min de lectura

Mente Lunera



Andrea González


(10 - 07 - 2026)


Calixto fue uno de muchos en irse del pueblo, pero también otros llegaban, ya que era un pueblo agricultor, rico en vegetación, más que nada en la siembra de esquejes y becujos para la producción de vainilla, el punto fuerte del pueblo.


Cada cierto tiempo se abren convocatorias para ayudar a la siembra y recolección, puedes hacer servicio voluntario, nosotros como iglesia asistíamos sin falta, igual aprovechamos para bendecir las tierras para que sean meses llenos de producción. Me encanta asistir, me gusta ser parte de ello, de otra comunidad que deja su huella para la humanidad, esta tierra que estoy pisando ha alimentado a muchas personas, ha pasado adversidades climáticas, y con amor, dedicación incluso desesperación, se ha cuidado para que siga en pie.


Tenía mucho calor, el sombrero de paja tejida que me traje era mi único alivio del sol, estaba regando la tierra cuando nos llamaron para comer y tener un descanso, éramos como 27 personas ayudando a la familia Hérnandez, tenían una hermosa casa anfitriona para los voluntarios a 10 minutos en camioneta, cuando bajamos y nos dirigimos al comedor todo estaba listo, me acerqué a tomar un plato y


-Hola.


Esa voz.


-Penélope, que gusto.


Más que coma en el espacio entre su nombre y la otra oración, fueron 3 otoños.

Penélope, la primera vez que la vi, estaba sentada en el sillón aterciopelado sin aspirar de mi tía, con su cabello largo jugando con la punta de sus pies, sus papás eran muy amigos de mi tía, cuando venían (junto con otras 45 personas más) llevaban a su hija, cruzando el umbral la botaban en cualquier lado, hasta que nos cruzamos. Vi en ella un cómplice, inevitablemente crecimos y aunque quisiéramos no fuimos tejidos en el mismo hilo del patrón, lo último que supe de ella es que se había ido al puerto a estudiar actuación y que se estaba codeando con gente que no pero que era parte esencial para crecer en ese medio.


Con ella descubrí que uno puede querer más allá del gozo.


Quité mi cara de susto de todos los colores y me acerqué, ella en un instante me tenía envuelto en brazos, ahí caí en cuenta que llevábamos 4 años sin vernos, sin respirar el mismo aire, sin compartir lo único que era nuestro.


-Cuanto tiempo Salvador…


No me soltó, incluso inhalo más fuerte, sentí que en esa respiración se llevaba todo lo que sabía del español.


Solo un minuto más de aquel apretón y me soltó, nos quedamos viéndonos, analizando el hecho de que ahora somos extraños, que la única que nos reconocería en un mar de gente sería la propia memoria.


-Tú lo dijiste, cuanto tiempo mi querida Penélope, oí que te fuiste a estudiar actuación, ¿cómo te va en ese arte?


-Me va como el propio dinero, a veces hay mucho y a veces nada, pero últimamente me he enfocado en el periodismo, quiero hacer un libro de entrevistas de aquellos que alguna vez tuvieron un sueño y ahora se dedican a la pesca, me llena saber que podré dar vida al menos por un instante a esa ilusión.


-Si me lo preguntas un trabajo digno de ti, me da mucha paz que sigas velando por lo que te hace feliz, me tienes que contar todas tus historias.


-Por supuesto que sí, si tienes tiempo al rato o en unos años busca por mí y te tendré lista una copia ¿Y a ti? ¿Cómo te ha ido? Escuché un rumor y veo que es cierto.


Sus ojos bajaron de mi mirada a mi clériman, sabía que en ese tono de voz se escondía algo más que un prejuicio, y como era de esperar continuo.


-A poco fue tan dolorosa mi partida que tuviste que decidir amar al grandísimo hasta la eternidad para no mirar a nadie más.


Auch, ahí estaba su naturaleza cruel que tanto amaba, pero que en su defecto casi nunca extrañaba, se acercó a mí para acariciar el distinguido clériman, con delicadeza aparté su mano y le dediqué una tenue sonrisa.


-Me alegra saber que sigas teniendo esa gran estima, sin embargo escogí este camino porque al igual que tú, me llena el alma saber que estoy haciendo algo por los que me rodean, solo que de diferente manera.


Como si le aburriera mi respuesta, retrocedió un paso, sus ojos volaron por todo el espacio para volver a mí, con su distinguida mirada chasqueó la lengua.


-¿Y cómo lo hace, Cura?


-¿Hacer, qué?


-¿Cómo haces para mantenerte alejado del pecado, cuando tú una vez lo probaste, pero sobre todo, donde tal cosa es inevitable?


Quería azotarme de la risa, pero me abstuve a solo negar con la cabeza, no me cuesta nada admitir que es una excelente pregunta, inevitable, buena palabra para encasillar a los impulsos que tenemos para satisfacer al propio cuero, pero no solo se limita a lo físico, también al pensamiento, psicológica, moral, y a otras más que rondan libres, son incontrolables, nacen de nuestras entrañas y se desarrollan en un ambiente descuidado que caminan descalzos para alcanzarte con facilidad.


-No voy a entrar en tu juego, pero ya que lo preguntas tan amablemente, te contestaré; no me alejo, al contrario convivo diariamente con él, digo, en carne propia lo siento, porque soy humano, peco de pensamiento, acción y omisión, no soy perfecto, mi puesto no me exime de haber vivido lo que viví, no borra las noches que pasé junto a ti, ni los malos pensamientos de prejuicio que llego a tener. A diario vienen a mí para que aligere su carga, que les diga que aún son merecedores del reino de Dios, pero al final del día son humanos y si les gustó, lo van a repetir y repetir, no importa cuantos aves marías o padres nuestros les dé, no sirven de nada si no quieren cambiar, el sentimiento de alivio es un instante, la cosquilla aguda del pecado es punzante, pero no me afecta, ya que decido que no lo haga.


-Así que, todo queda en uno mismo.


-Así es.


-Haz cambiado, muchísimo.


-A lo mejor en unos años que vaya a recoger mi libro autografiado, pueda decir lo mismo.


-No seas tan duro.


Con ello me golpeó ligeramente el antebrazo y nos reímos, le hice un gesto con la cara para hacerle saber que lo dicho era solo un juego, yo no era el mismo como ella era otra, quedamos en un silencio cómodo, reconociéndonos.


-¿Cuánto te dieron de penitencia?


-3 Aves María, 5 Padres Nuestros y rezar el rosario durante una semana sin haber cenado, junto con ayuno cada 6 meses de aquí a mi tan esperada muerte.


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