Parte 6. Una historia para disfrutar. ¿Lo vas a permitir?
Mente lunera

Andrea González
(10-31-2026)
-¿Lo vas a permitir? ¿Vas a permitir que ese sea tu destino sin intentar incluso pelear?
Le dije, no tratando de buscar las palabras adecuadas, sino maneras de comprenderlo, de ayudarle.
-¿Para qué peleo? Sólo le haré daño a mi madre.
-Lamento decirte esto, pero ya lo estás haciendo por el simple hecho de ser.
Nos quedamos en silencio, vi que en él se asentó una realidad casi difuminada.
Las rodillas me empezaban a doler por la posición de cuclillas, me senté con las piernas cruzadas, aún viéndolo.
-Mira, no vengo a decirte que cambies, porque soy nadie para decirte eso, y no tendrías por qué cambiar si así es como eres, es tu naturaleza pura, sé que es injusto tu presente por oprimir algo que no controlas, pero queda un futuro entero.
-Y ahora qué, me va a pedir que acepte a Dios en mi corazón cuando las enseñanzas de este me hunden? Contestó al borde de las lágrimas ya cansado.
-No te pido que lo aceptes, pero que al menos escuches a este predicador, la biblia se ha deformado por tantísimas cosas, por las traducciones y por aquellos que aprovecharon el poder de cambiar las escrituras a su favor, pero hay cosas rescatables; yo me apego al “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” El amor que sientes en tu pecho por el otro, no es rencoroso, ni envidioso, es benigno y bondadoso y no hay culpa divina ni castigo religioso que exista para gente como tú.
Se soltó a llorar, no sabía si acercarme, así que solo apoyé la palma de la mano en la orilla de la cama, sintiendo como se sumía al seguir el ritmo de sus sollozos.
-Alrededor de mi corta vida, he escuchado cosas hirientes de aquellos que suponen querer lo mejor para mí, vi como mi padre le pegaba a mi mamá culpándola, que yo mismo me vi como un monstruo desde pequeño, repudiaba cada reflejo, cada acto que hacía sin pensar, que olvidé que el origen de todo ese odio, era por amar. Cuando conocí a Victor lo pude aceptar pero mi padre nos descubrió, no pude ocultarlo más, ningún hombre ve las estrellas deseando un mundo mejor y reescribiendo el nombre de cada constelación por el de su “paisa”.
Víctor, el joven que vendía fruta en la plaza cada sábado. Víctor el que pidió que lo rociara con agua bendita porque “había pecado” pero no que no lamentaba, él que me dejó una nota por si lo buscaban, en especial si lo buscaba un hombre.
No puede ser que me tardé tanto en unir los puntos de ese suceso con el caso que tengo enfrente de mis ojos. No todo estaba pérdido.
-Raúl, escúchame bien. Mentiría si te dijera que comprendo tu dolor y que ayudaré a tu familia a aceptarlo, estamos en un pueblo que es lo que conoce, naciste para salir del molde y explorar más allá, pero si te puedo ayudar en una cosa. Escapar. Victor me buscó antes de irse, dejó una nota con una dirección, especialmente para ti, es mi cruz darme cuenta que el hombre a quien se refería eras tú.
El alma de Raúl se hizo visible, vi como volvió a tomar lugar en sus ojos, en su postura; en su ser.
-Le vas a dejar una carta a tu madre, ella te ama demasiado, dile todo lo que escondiste en tu pecho desde el amor, y prométele que cada 2 semanas le escribirás, le contarás cómo estás y de tu padre me encargo yo.
Continuará…







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