PRI Hidalgo: entre derrotas, renuncias y traspasos a Morena, “renovará” dirigencia
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Por vez primera, la dirigencia del PRI en Hidalgo será definida mediante voto de su militancia, aunque el resultado está ya dado para Marco Antonio Mendoza Bustamante.

Enrique Vega
Por vez primera en su historia, la militancia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Hidalgo elegirá mediante voto directo a la dirigencia estatal.
El proceso que, según su convocatoria, culminará el próximo 1 de julio, será un hecho inédito, al menos en el papel, para un instituto político acostumbrado durante décadas a definir liderazgos mediante acuerdos internos.
Sin embargo, más allá de la novedad democrática que presume el partido, la renovación ocurre en uno de los momentos más complejos que ha enfrentado el priismo hidalguense desde que perdió el control político de la entidad.
FECHAS Y PLAZOS
La convocatoria fue ya emitida y establece que el registro de planillas se realizará el próximo 12 de junio de 2026, mientras que las campañas internas se desarrollarán entre el 14 y el 28 de ese mismo mes.
Finalmente, el 1 de julio los militantes acudirán a las urnas para definir quién encabezará al partido rumbo a los procesos electorales de 2027 y 2028, que se anticipa será el mismo Marco Antonio Mendoza Bustamante.
No obstante, entre los pasillos del todavía existente “cubo de Colosio”, se prevé la inscripción de una sola planilla, ostentada por el interinato pasado, encabezada por Mendoza Bustamante y Jenny Márquez, quienes confirmaron ya su participación en el proceso interno.

¿VERDADERA RENOVACIÓN?
Aunque se trata de una elección interna más, en los hechos la contienda definirá quién tomará las riendas de un partido que en apenas en unos años pasó de gobernar Hidalgo a intentar reconstruirse desde la oposición, tras una serie de derrotas electorales, fracturas internas y salidas de personajes que durante décadas formaron parte de la estructura tricolor.
La caída comenzó a acelerarse en 2022, cuando el PRI perdió la gubernatura frente a Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y Nueva Alianza Hidalgo, con la derrota de Carolina Viggiano Austria ante Julio Menchaca Salazar.

Más allá de la alternancia política, aquel resultado significó el fin de una era para un partido que había gobernado Hidalgo prácticamente de manera ininterrumpida durante cerca de un siglo y que mantenía una de sus últimas fortalezas territoriales a nivel nacional.
VARIOS YA SE FUERON
La derrota no sólo implicó la pérdida del Poder Ejecutivo estatal, pues también abrió una etapa de reacomodos políticos en la que varios cuadros comenzaron a buscar nuevos espacios de participación fuera del partido tricolor. Algunos migraron discretamente, otros lo hicieron de forma abierta, mientras que varios más optaron por acercarse al nuevo grupo político dominante en la entidad.
Uno de los casos más emblemáticos fue el del exgobernador, Omar Fayad Meneses, quien, tras años de militancia priista y luego de concluir su mandato, rompió con el partido y terminó incorporándose al servicio diplomático del gobierno federal encabezado por Morena, convirtiéndose en embajador de México en Noruega.
La salida del exmandatario estatal representó un golpe simbólico para un priismo que durante años lo tuvo como una de sus principales figuras políticas, aunque no fue la única. En los últimos años también se alejaron perfiles históricos como José Antonio Rojo García de Alba, quien durante décadas ocupó distintos espacios de representación bajo las siglas del PRI, así como otros cuadros regionales que terminaron tomando distancia de la dirigencia.

A esa lista se suman políticos que construyeron buena parte de su trayectoria dentro del priismo, como Benjamín Rico Moreno, quien tras su paso por administraciones emanadas del tricolor encontró cobijo político en el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), desde donde actualmente mantiene actividad rumbo a futuros procesos electorales.

Las salidas, los distanciamientos y los cambios de camiseta terminaron por dibujar un escenario impensable hace apenas algunos años para un partido que durante décadas fue la principal fuerza política de Hidalgo y que hoy intenta reconstruirse mientras varios de sus antiguos liderazgos encontraron ya espacios fuera de sus filas.
EXDIRIGENTE HASTA TIENE YA CARGO MORENISTA
Quizá el caso que más refleja la “transformación” que vive el PRI en Hidalgo es el de Julio Valera Piedras, quien fuera dirigente estatal del partido durante uno de los periodos más complicados de la historia reciente del tricolor y hoy forma parte de la administración federal encabezada por Claudia Sheinbaum.

Para muchos militantes, la imagen del último presidente formal del PRI incorporado a un gobierno emanado de Morena sintetiza el momento político que atraviesa el partido.
En medio de ese escenario apareció Marco Antonio Mendoza Bustamante, quien asumió la dirigencia interina para concluir un periodo que había quedado vacante y que ahora también dejará el cargo para poder registrarse al proceso interno y permanecer varios años más al frente.

La renovación llega, además, tras varios meses de prórroga, pues el propio Mendoza Bustamante reconoció que el periodo de la dirigencia concluyó desde finales de 2025, por lo que el proceso fue postergado mientras el partido definía las condiciones para organizar la elección interna.
PRESUMEN ¿100 MIL MILITANTES?
Actualmente, el PRI asegura contar con alrededor de 75 mil militantes validados por el Instituto Nacional Electoral (INE), aunque sostiene que la cifra podría acercarse nuevamente a los cien mil afiliados conforme avance el proceso de actualización y refrendo del padrón.
Será esa militancia la que tendrá en sus manos la responsabilidad de elegir a quien intentará conducir al partido durante los próximos años. Sin embargo, el principal desafío para quien resulte electo parece ir mucho más allá de ganar una elección interna.
La verdadera tarea será convencer a la militancia de que todavía existe un proyecto político viable para el PRI en Hidalgo, en un escenario donde Morena concentra el gobierno estatal, la mayoría de los espacios de poder y buena parte de las estructuras que anteriormente orbitaban alrededor del tricolor.
¿EVITARÁN LA EXTINCIÓN?
Por ello, la contienda del próximo 1 de julio no sólo definirá nombres y cargos, también servirá para medir el tamaño real de un partido que durante décadas fue sinónimo de poder en Hidalgo y que hoy enfrenta el reto más importante de su historia reciente: demostrar que aún tiene futuro en una entidad donde varios de sus antiguos liderazgos encontraron ya acomodo fuera de sus filas.
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