Un cargo irrelevante y relevante
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Osteoporosis

José Raquel Badillo Medécigo
(Seudohumorista)
28-05-2026
"La importancia sin mérito obtiene consideraciones sin estima"—Nicolas Chamfort
La semana pasada, el alcalde Jorge Alberto Reyes fue ungido como presidente de la asociación estatal de presidentes municipales.
Antes que nada, quiero felicitarlo por tan honroso y distinguido cargo porque no cualquier presidente municipal puede ostentarlo. En el acto de investidura, con la formalidad requerida, por el rigor el protocolo exige, ante los concurrentes Jorge Alberto respondió la palabra esperada: ¡Sí, protesto!
La ovación de los asistentes no pasó desapercibida. Las palmas de las manos opacaron las palabras del maestro de ceremonias.
Reitero, lo felicito, porque hubo que vencer a ochenta y dos contrincantes.
¡Es una verdadera suerte para los pachuqueños que sus alcaldes sean honrados! —aunque sea— de esta forma.
Creo que la suerte ya se trae y se posee de manera misteriosa.
Lamentablemente estamos a años luz de que un alcalde como el de Huautla o de Nicolás Flores tengan la distinción de presidir tan honorable agrupación. Si la cartomancia no me miente será allá por el año de 2256 cuando por primera vez quien presida dicha agrupación sea en ese entonces el ilustre alcalde del municipio de Eloxochitlán.
Pero mientras llega esa fecha hay que reconocer la buena estrella de Jorge Alberto.
Como alcalde ha destacado con resultados visibles, pues en menos de un año logró más que su antecesor, Sergio Baños, durante toda su administración. Hoy, nuevamente, el destino parece sonreírle: superar el trabajo realizado por quien lo antecedió en esta agrupación no Aluce precisamente como una tarea complicada.
Eduardo Medécigo, dio un mensaje, sin embargo, los neófitos de la política hubiésemos preferido escuchar un informe de los logros al frente de esta asociación; las peripecias realizadas ante el H. Congreso, para que sus similares de los municipios marginados tuviesen un presupuesto más holgado. La presión ejercida hacia los funcionarios estatales para agilizar y dispersar los recursos; los amagos que tuvo que lanzar para destrabar cada obstáculo del gobierno estatal, incluso la asesoría brindada a exalcaldes que sortean penas carcelarias, pues no deben quedar en el abandono legal, pudiendo destrabarlo con la fuerza que le da la agrupación. El dicho dice “arrieros somos y en el camino andamos” ¿Quién verá por estos asociados cuando concluyan su periodo y estén enfrascados en problemas legales?
¿O para qué constituir una asociación de alcaldes cuando el ejecutivo del estado y la mayoría de los adherentes son del mismo partido? ¿o acaso hay puntapiés debajo de la mesa de negociaciones?
Sinceramente no creo que ante un gobierno tan sensible como el que preside Julio Menchaca, tenga que sentir la presión de una agrupación para brindarles apoyo.
Nosotros los neófitos de la política, desconocemos las actividades realizadas en dicha agrupación.
Constituir una agrupación de alcaldes es relativamente fácil. Hace unos ayeres el extravagante Omar Fayad Meneses, presidió también una asociación de alcaldes no solo del estado de Hidalgo, ¡sino de todo México! y obviamente no le alcanzó el tiempo sino casi seguro estoy, habría encabezado una asociación de alcaldes latinoamericanos.
También hay microsociedades de alcaldes que por regiones se reúnen determinado día del mes para echar la copa y hasta apostar en las peleas de gallos.
El cargo con que fue ungido Jorge Reyes puede ser irrelevante, pero a su vez relevante. Hay una dedicatoria especial para construirle un piso más a su currículo. Y así como esta vez, quizás llega por decreto, se augura que su buena estrella seguirá brillando para otros cargos de elección popular incluyendo por el principio de representación proporcional, donde no hay necesidad de desgastarse para conseguir el voto.
Ojalá, Jorge Reyes, explique la finalidad de esta asociación, porque en mi pueblo desdeñan algunos cargos por ejemplo señalan: “Ser suplente y nada es lo mismo” También hay un indicativo muy preciso: “Entre más rimbombante y largo sea el nombre del cargo menor importancia tiene el puesto, pero eso sí, infla más el ego”
Dicen que en la política no hay nada escrito. Tomando por axioma este principio, entonces puede decirse que no he escrito “Un cargo irrelevante y relevante” lo que sin duda despejaría cualquier ambigüedad. Sólo existe entonces el peso de las palabras pronunciadas que ha de escucharse así: “Un cargo irrelevante, irrelevante…”
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