Aún no lo sé
- hace 3 días
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Osteoporosis

José Raquel Badillo Medécigo
(seudohumorista)
(04-16-2026)
“La imaginación es más importante que el conocimiento.”
Albert Einstein
Hoy me dispongo a escribir a unos minutos de que venza el plazo para enviar este artículo al espacio que, generosamente, me ofrece mi amigo, autor de El Graderío, Florentino Peralta, y gracias al cual tengo la oportunidad de llegar a más lectores.
Como pudieron notar, he titulado esta entrega “Aún no lo sé”. Y le soy sincero: hay tantas cosas por comentar, por disertar… pero cuando el tiempo se viene encima aparece un bloqueo natural; la mente se cierra y las ideas simplemente no fluyen.
Hoy, esas mismas ideas no logro expresarlas con el humor que acostumbro, pero al menos intentaré recurrir al sarcasmo. Ya lo decía Pablo Picasso: “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.
Y sí, guardando toda proporción, encuentro gran similitud con el célebre pintor: él pintaba a su estilo, incomprendido por muchos que carecían —o carecen— de sensibilidad artística.
Algo parecido ocurre con quien escribe estas líneas. En términos menos elegantes: a muchos les parecerá que Picasso pintaba “de la tiznada”… y sospecho que pensarán lo mismo de mí en cuanto a mi manera de escribir.
En días recientes vimos una polémica en la que se vio involucrado el papa León XIV con el presidente de Estados Unidos, Donald Trumpo, quien, fiel a su estilo, ha rebasado más de una vez los límites del discurso político. Su argumento es claro: evitar que gobiernos marcados por el fanatismo tengan acceso a armas nucleares.
No quiero ni imaginar un escenario en el que un régimen inspirado en el fanatismo —como algunos en Medio Oriente— cuente con ese poder destructivo. Sería, simple y llanamente, el principio del fin.
Y es que, en esa región, buena parte del conflicto tiene una raíz profundamente religiosa.
En ese contexto, me permito recurrir a una cita bíblica, esperando no herir susceptibilidades.
En el Evangelio de Mateo 4:19 se lee: “dejen sus redes y síganme”.
Hoy, dos mil años después, me atrevo a decir lo contrario: “no dejen sus redes… y síganme”. Porque siendo honestos, este humilde autor apenas cuenta con algunos seguidores, ni siquiera suficientes para presumir un millar. Así pues si no están dispuestos a dejar sus redes, por favor síganme. Gracias.







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