top of page

La Bandera

  • 26 feb
  • 3 Min. de lectura

Osteoporosis

José Raquel Badillo Medécigo

(Seudohumorista)

 

 02-26-2026


¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo (San Agustín)

 

 

Mi nieta me visitó el martes, justamente el Día de la Bandera. Le recordé aquella ocasión, hace unos años, cuando acudió para hacer un trabajo extraescolar en su infancia: ¡pintar una bandera!

 

Sonrió al recordar ese momento en el que, por mezclar el color azul con el amarillo, hizo un batidero que incluso manchó su ropa.

 

Pero, de todas sus peripecias para elaborarla, ocurrió algo insólito: al final de su jornada artística olvidó llevar su obra de arte.

 

Quizás por ello aún conservo esa bandera, que en un tiempo lució en la galería de la pared principal de mi estudio, hasta que, muchos años después, tuve que utilizar el muro para colocar ahí una gran manta para realizar un mural.

 

Acudí al escritorio, pues sabía que ahí justamente estaría guardada entre otros proyectos… Y así ocurrió.

 

Saqué la cartulina que contenía su pintura de la bandera; al reverso había escrito lo que simboliza:

 

“La bandera de México tiene tres colores muy bonitos y cada uno significa algo importante.

 

El verde es como la esperanza. Es cuando creemos que las cosas pueden ser mejores y que nuestro país puede seguir creciendo fuerte, como un árbol grande.

 

El blanco es la paz. Es cuando todos estamos tranquilos, sin peleas, y podemos vivir contentos y respetándonos.

 

El rojo es el amor y también la sangre que corre por nuestras venas; es la sangre ardiente de nuestros héroes”.

 

Se la di a mi nieta y cuestionó:

 

—Abuelo, ya los colores no son los mismos…

 

—El tiempo los decoloró —respondí resignado.

 

—El rojo se transformó en color guinda; el blanco, en ahuesado; y el verde bandera, en verde olivo.

 

Salí del estudio y fui por un café y una limonada para mi nieta. En eso, mi vecina tocó el timbre por el clásico pedimento de una tacita de azúcar.

 

Al subir al estudio, vi a mi nieta escribiendo al reverso de su bandera.

 

Al percatarse de mi presencia, exclamó:

 

—¡Abuelo, tuve que adecuar la descripción; escucha! El verde olivo representa al ejército que tiene que patrullar las calles y carreteras por tanta violencia. Lo amarillento del blanco es la esperanza robada y el tono añejo indica que ha pasado mucho tiempo. El color rojo quemado —guinda—, es el partido en el poder —Morena—, pero no solo eso… es la sangre seca derramada de los ciudadanos caídos en hechos violentos.

 

La escuché en silencio.

No quise corregirla. Tampoco discutirle.

Me limité a mirar aquella bandera desteñida, donde el tiempo no solo decoloró la cartulina, sino también las promesas.

Entonces comprendí que los colores no cambian, solo se adecuan a la realidad.

Si una niña es capaz de reinterpretar la bandera a partir de lo que ve en las calles, algo estamos haciendo mal los adultos.

Porque cuando el verde deja de ser esperanza y se vuelve vigilancia, cuando el blanco ya no es paz sino desesperanza, y cuando el rojo deja de simbolizar heroísmo para recordar sangre coagulada… la patria no se está pintando ¡se está deslavando!

 

Comentarios


bottom of page