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¡Malditas analogías!

  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Osteoporosis

José Raquel Badillo Medécigo

(Seudohumorista)

 

03-04-2026


“La experiencia es una maestra severa: primero te aplica el examen y después te da la lección.” —Oscar Wilde

 

En las redes sociales hay una analogía intitulada “las cuatro botellas en la vida de un hombre” y la describen así:


La primera llega sin pedir permiso, es un biberón. Ahí todo es dependencia, brazos ajenos y decisiones que otros toman por nosotros. Bebemos porque no hay opción, es un tanto obligatorio y porque, además, todavía no entendemos que la vida —más adelante— también será una elección… y una factura.


Después aparece la segunda botella: sea de agua o de refresco. Es la juventud, cuando el cuerpo responde sin protestar y el cansancio parece un invento de adultos amargados.


La tercera botella es la más larga y la más engañosa: la del vino o la cerveza. Llega con la adultez, el trabajo, las responsabilidades y los brindis que ya no celebran nada en particular.

Aquí muchos creen tener el control, cuando en realidad comienzan a negociar con los excesos, con los hábitos y con esa peligrosa frase de “todavía aguanto”. Es la botella donde la celebración se vuelve rutina y la rutina se vuelve dependencia.


¡Sin darnos cuenta, ya hemos tomado tres botellas de las cuatro que habremos de tomar a lo largo de nuestras vidas…


Y tarde o temprano llega la cuarta botella. No se elige, no se presume y, desde luego, no se brinda. Es el suero. Aparece cuando el cuerpo deja de pedir permiso y la vida baja el volumen, es un tanto obligatoria. Todo se vuelve lento: los pasos, las conversaciones, los recuerdos. Regresa la dependencia, pero ahora con plena conciencia. Ya no hay excusas, solo tubos transparentes y tiempo contado en horas, no en sueños.


La cuarta botella es cruel, insípida, por primera vez nuestro sentido del gusto no es satisfecho. Ahí entendemos que muchas decisiones no fueron tan pequeñas, que muchos excesos no fueron tan inocentes y que el tiempo que creímos eterno era, en realidad, un préstamo con intereses altísimos, como los préstamos que hacen los colombianos... En esa botella nadie pregunta si quiere beber; simplemente se bebe porque es lo único que queda.


Y de esta analogía se desprende otra, igual de incómoda…


La llamada 4T también parece tener no cuatro botellas, sino más bien ¡4T! Sí, cuatro.


La primera T fue la T de la transparencia. -  se la bebió absolutamente toda, de la noche a la mañana despareció la transparencia, para volverse opacidad, ¡en aras de la seguridad nacional! En un principio hasta yo me alegré… ¡Qué bueno que ya no hay transparencia por seguridad nacional! Ingenuamente pensé en un México con mucha seguridad nacional y no fue así. 


La segunda T fue de la T de la transformación. – Todo fue transformado, pero algunas de estas transformaciones salieron contraproducentes, por citar un ejemplo, se empecinaron para que el sistema de Salud fuese como el de Dinamarca, aunque muchos derechohabientes hoy quisieran que mejor hubiera quedado como en aquellos años en que no estaba europeizado, pero había un esquema de vacunación…


La tercera T fue la del Tren (Maya). – Y la crítica no pasa por los incidentes ni por los tropiezos técnicos —propios de cualquier obra de gran magnitud—, sino por algo más de fondo: la ausencia de estudios serios que garantizaran su viabilidad y sustentabilidad a largo plazo. Se construyó primero y se justificó después. Hoy el Tren Maya mueve a pocos, costó mucho más de lo que se estimó originalmente y requiere subsidios constantes para operar.


¡Sin darse cuenta la 4T ya se engulló tres! De alguna forma al deglutirlas, se saborearon las mieles que poseían… ¡Ah! Pero ya sólo le queda una…


A ciencia cierta, de acuerdo con la analogía de las botellas, la última ya no se disfruta y deja un sabor amargo…


Pero a propósito de todo esto ¿Cuál es la “T” restante?

-          No lo diré, lamento no poder complacerlos; ¡hagan sus conjeturas!

Esa T, no se disfruta, es cruel e insípida, pero ineludible…

 

 

 

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