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El Pase Turístico en Hidalgo: legalidad ambiental y una política pública desconectada de la realidad

  • Redacción
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura

Entre la norma y la justicia

Alfonso Verduzco


02-03-2026


El llamado Pase Turístico en Hidalgo no es una medida informal. Su origen es plenamente legal. El 30 de junio de 2025, se publicó en el Periódico Oficial del Estado de Hidalgo el Acuerdo por el que se emite el Programa de Verificación Vehicular Obligatorio para el segundo semestre del año 2025, mediante el cual la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo estableció un esquema obligatorio de verificación vehicular y, como instrumento complementario, la figura del “Pase Turístico.


Desde el plano jurídico, el programa existe, es válido y tiene competencia formal. El debate no está en su legalidad, sino en su diseño, comunicación y eficacia real. La distancia entre la norma publicada y su impacto en la vida cotidiana de las personas es donde comienzan los problemas.


El Acuerdo define el Pase Turístico como un documento gratuito, con vigencia de hasta catorce días naturales por semestre, destinado a vehículos particulares provenientes de otras entidades federativas o del extranjero, siempre que no cuenten con holograma de verificación vigente. Su finalidad es permitir la circulación dentro del territorio hidalguense sin incurrir en sanciones derivadas del programa de verificación vehicular obligatorio. La norma también establece una excepción relevante: los vehículos registrados en entidades que forman parte de la Comisión Ambiental de la Megalópolis no requieren este pase, siempre que tengan verificación vigente.


En el papel, la regulación parece clara. En la práctica, no lo es. El primer gran problema del Pase Turístico ha sido la escasa difusión y deficiente comunicación pública. Aunque la obligación está publicada oficialmente, una parte significativa de los automovilistas foráneos se entera de su existencia solo cuando enfrenta una revisión o una posible sanción. No hubo campañas informativas amplias, ni señalización visible en carreteras, ni una estrategia preventiva dirigida a los estados colindantes. La norma existe, pero la información no circuló con la misma fuerza.


Este déficit de comunicación no es un detalle menor. En materia administrativa, una política pública que se aplica sin información suficiente genera incertidumbre, desconfianza y una percepción inevitable de control antes que de orientación. El ciudadano no percibe un beneficio, sino una carga inesperada.


El segundo problema es más profundo y estructural. Hidalgo no es un destino turístico aislado. Su cercanía con la Ciudad de México y el Estado de México ha convertido al estado en un territorio de tránsito permanente. Miles de personas ingresan y salen diariamente por razones laborales, familiares, educativas o de servicios. Para este universo de usuarios recurrentes, el Pase Turístico resulta insuficiente, pues solo permite circular catorce días por semestre y no distingue entre el turista ocasional y quien mantiene una movilidad constante y legítima.


Si bien el propio programa contempla la verificación voluntaria como alternativa, esta opción no ha sido difundida de manera clara ni accesible. No existe una campaña que explique de forma sencilla cuándo conviene verificar, para quién es útil y cómo puede resolver el problema de quienes necesitan ingresar al estado más de dos veces al año. La omisión genera un vacío que termina castigando a quienes cumplen funciones productivas esenciales en la región.


A ello se suma una contradicción en el discurso ambiental. El programa se presenta como una medida para mejorar la calidad del aire y ordenar la circulación vehicular. Sin embargo, los vehículos que mayor presencia y carga contaminante generan en Hidalgo provienen precisamente de la zona metropolitana, y esos automóviles están exentos del Pase Turístico. En contraste, el control se concentra en vehículos foráneos cuya presencia es esporádica. Esto lleva a una pregunta legítima: ¿la medida busca reducir contaminación o simplemente administrar el ingreso de ciertos vehículos?


Otro elemento que evidencia la falta de actualización del programa es su operación práctica. Aunque el trámite es digital, en los hechos se exige portar el pase, incluso impreso, para evitar sanciones. En una época de bases de datos, validaciones electrónicas y control por placas, mantener una lógica de papel resulta poco moderna y poco eficiente. Una política pública que se pretende innovadora no puede sostenerse con herramientas del pasado.


El Pase Turístico en Hidalgo, en suma, es legal, pero no es suficiente ni convincente. Carece de una visión integral de movilidad regional, no distingue perfiles de usuarios, no comunica beneficios claros y no ofrece soluciones efectivas para la realidad cotidiana de miles de personas. El problema no es la existencia de reglas, sino su desconexión con el contexto social al que pretenden regular.


Replantear el programa no implica eliminarlo, sino corregirlo: informar mejor, diferenciar al turista del usuario recurrente, fortalecer la verificación voluntaria, modernizar los mecanismos de control y alinear el discurso ambiental con la realidad metropolitana. Porque cuando una política pública es legal pero no funcional, el desgaste no lo sufre la norma, sino la confianza ciudadana.


Como colofón, es importante dejar algo claro para quienes, por razones de trabajo, familia o vida cotidiana, circulan de manera frecuente en Hidalgo con vehículos emplacados en otras entidades: la solución no es el conflicto jurídico ni el juicio de amparo. La propia normativa ofrece una salida legal, sencilla y permanente. Quienes se encuentren en esta situación pueden acudir a los Centros de Verificación Vehicular concesionados por el Estado de Hidalgo y obtener un holograma de verificación voluntaria, el cual les permite circular regularmente dentro del territorio estatal sin depender de un Pase Turístico limitado a catorce días por semestre. Esta alternativa, prevista expresamente en el programa, brinda certeza jurídica, evita sanciones innecesarias y reconoce una realidad innegable: que Hidalgo es un estado de tránsito y movilidad constante, no un destino esporádico.


Difundir esta opción y hacerla accesible es, hoy, la verdadera solución.

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